La ciudadanía se puede definir como "El derecho y la disposición de participar en una comunidad, a través de la acción autorregulada, inclusiva, pacífica y responsable, con el objetivo de optimizar el bienestar público."

viernes, 23 de septiembre de 2011

El espejo sucio de ‘¡Oh Jennifer!’

‘Con humor inteligente y ternura a raudales (en buena medida conseguido por el vídeo de promoción en Youtube donde el ‘amor prohibido’ lo protagonizan un niño y una niña de primaria) ridiculiza las barreras que la identidad exagerada ha convertido a Cataluña en un lugar inhóspito para quien elija la libertad a las consignas patrióticas’.

Antonio Robles

A veces, un detalle aparentemente intrascendente, como la letra de una simple canción puede vender un producto como rosquillas o hacer visible la absurda borrachera identitaria de una sociedad. Este es el caso de la canción ¡Oh Jennifer! del grupo catalán Els Catarres. Una invitación a pasar de cualquier militancia excluyente, a través de parodiar tópicos identitarios catalanistas y mediante una historia de amor de un patriota catalán y una charnega castellanohablante en clave de amor prohibido.

Con humor inteligente y ternura a raudales (en buena medida conseguido por el vídeo de promoción en Youtube donde el amor prohibido lo protagonizan un niño y una niña de primaria) ridiculiza las barreras que la identidad exagerada ha convertido a Cataluña en un lugar inhóspito para quien elija la libertad a las consignas patrióticas.

A pesar de su reiterada obviedad, ni uno de los tópicos utilizados como contrapunto para resaltar el amor prohibido es insultante contra personas o símbolos, ni ensalza sistemas políticos antidemocráticos, ni está fuera de los límites de la normalización nacionalista oficial. Sin embargo, en la sociedad nacionalista ha producido estupor y ánimo de venganza tanto por cuestionar el dogma identitario, como por dejarlo en pelotas a la vista de todos, por su éxito en internet.

Acostumbrado a juzgar y ridiculizar al imaginario enemigo español, el catalanismo no ha soportado verse reflejado en su propio ridículo. Ni siquiera el recurso al socorrido, són gent de fora puede ser aplicado aquí, porque el grupo musical Els Catarres son de aquí, dels nostres, jóvenes catalanistas y normalizados en llengua i continguts: “Jo que sóc més català que les anxoves de l’Escala [...], jo que sóc soci del Barça i no trago ni en pintura als Pericos de Sarrià [...], jo que sempre he defensat els productes de la terra, ara m’he enamorat d’una ‘choni’ de Castefa“. Estas reiteradas contraposiciones al ritmo de un striptis mental, acaban en una fábula integradora y liberadora:

“Les ments estretes ens intenten parar els peus, [….]
que no veuen que el temps ens donarà la raó?
L’amor és superior a tota por, a tot rencor,
i ens diuen que tenim el cor dividit,
entre l’amor i el país, la pàtria contra el dessig [...]
Lluitarem pel nostre amor prohibit”.

El terremoto que ha producido en las filas nacionalistas empeñadas en acomodar a todo y a todos en sus sueños identitarios, ha llamado a arrebato para contrarrestar la afrenta. Y en menos que se multa a un comerciante por rotular en castellano, el activismo nacionalista mediático encabezado en este caso por Fricandó Matiner de la emisora de radio RAC105 -del grupo Godó- ha producido la réplica a ¡Oh Jennifer! en versión facha española. Toda una declaración de la mentalidad estigmatizadora de sus creadores y difusores.

En la versión ¡Oh Montserrat!, los papeles se intercambian y es un quillo facha, admirador de Franco, quien se enamora de una pava catalana. Al contrario que la canción original de Els Catarres, los tópicos escogidos recurren a lo más cutre de la España anticonstitucional que sólo existe en la mentalidad trasnochada de este nacionalismo resentido, tan propio de emisoras políticas hermanadas como RAC1: “Yo que siempre he defendido lo de una, grande y libre, ahora me he enamorado de una pava catalana. ¡Oh Montserrat!”.

Les traiciona el inconsciente. A los valores y tópicos catalanes de las estrofas de ¡Oh Jennifer! le han replicado con valores y tópicos franquistas, que nada tienen que ver con la España democrática actual. Así, cuando en ¡Oh Jennifer! cantan Els Catarres: “Jo, que porto Els Segadors com a politò del mòbil, la senyera al balcó”, símbolos de la Cataluña catalanista perfectamente constitucional; en ¡Oh Montserrat!, de RAC105, estrofea: “Yo, que tengo el Cara al Sol de politono, con Franco vivía mejor. [...] Yo que soy más español que el aguilucho de la bandera anticonstitucional”. Al anteponer los tópicos franquistas a los tópicos catalanistas, los hace equivalentes y los iguala en el rechazo. Sólo que los tópicos franquistas no tienen presencia ni poder en la España constitucional y los tópicos catalanistas son políticamente correctos y son utilizados para imponer y excluir.

Si de la imagen de Cataluña de ¡Oh Jennifer! sacan la imagen excluyente, casposa y franquista de España, estos activistas radiofónicos de RAC105 se lo habrían de hacer mirar. Porque alguien podría deducir sin esforzarse, que o bien asumen inconscientemente que la Cataluña nacionalista es el reflejo de la España intransigente y excluyente de la dictadura, o bien no se han enterado que hoy España es un Estado Social y Democrático de Derecho, respetuoso con la pluralidad y enemigo de aquellos tópicos franquistas. Si es lo primero, malo; si lo segundo, patético que estos activistas de la pedagogía del odio pasen por periodistas y cobren por contraprogramar propuestas brillantes como el amor prohibido entre un catalanista de CiU y una choni de Castefa.

El mecanismo no es nuevo, de hecho es el más utilizado por el nacionalismo. Se trata de excluir y a la vez convertir al excluido en un ser miserable para eliminarlo socialmente. Es la manera que tiene el catalanista tipo de respirar. Acomodado a vivir de víctima en el franquismo, no sabe asumir su nuevo rol de inquisidor y necesita convertir a quienes desprecia y excluye, en la viva imagen del régimen de Franco. Cuanto más esperpéntica y casposa sea la caricatura franquista que aplica en los otros, más seguro se siente para despreciarles y más fuerte y radical es el maltrato. La letra de ¡Oh Monserrat! lo evidencia.

A través de ese mecanismo de defensa se dan todo tipo de coartadas para saltarse el deber de respetar las reglas democráticas cuando no les interesa: ¿Por qué permitir clases en castellano si es un idioma invasor? ¿Por qué respetar al Tribunal Constitucional si es la Brunete jurídica del españolismo? Así es la puta España a la que odian y reflejan en la canción de la emisora del grupo Godó: retrasada, militarista, de cirio y tufo a contrarreforma. Imposible imaginarse una España constitucional, ilustrada y tolerante. Eso sólo son valores reservados a su Cataluña, una nación sometida pero digna, amante de la libertad y la democracia, apasionada por el arte y el respeto. Aunque excluya, aunque imponga; los fachas siempre serán los otros.

Pero por una vez han tenido un fallo, se les ha visto el plumero. Y han sido ellos solos. Ningún español no catalán de los que acostumbran a considerar como enemigos, compuso, puso letra ni cantó ¡Oh Jennifer!, como tampoco sacó su reverso en ¡Oh Montserrat!. Han sido sólo ellos los que se han delatado y han puesto blanco sobre negro su falta de respeto, resentimiento y desprecio por la España constitucional que se empeñan en ignorar.

Y como no podía ser de otra manera, tras esa tramoya hubo de aparecer Jordi Pujol, el hacedor de esta Cataluña de propietarios y charnegos, de patriotas y chonis para darles una lección de cómo se ha de conseguir el efecto sin que se note el cuidado. La referencia que hizo de la canción en Igualada no tiene desperdicio. Simpático, integrador, desenfadado, sin dramatizar lo más mínimo ni contraponer a la sutileza de ¡Oh Jennifer!, la sal gorda de ¡Oh Monserrat!, consigue meterse al público en el bolsillo y evitar la crítica a la Cataluña que siempre ha considerado suya y que ácidamente se condensa en la canción ¡Oh Jennifer!, porque la Cataluña de amores prohibidos la ha construido él, la Cataluña de una sola lengua propia la ha inventado él, la desafección de Cataluña hacia España y la desafección de unos catalanes hacia otros, la ha provocado él. Y sin embargo, invita a normalizar a la choni.

A normalizar he dicho, no a respetar, pero ese detalle es demasiado sutil para apreciarse en la Cataluña amodorrada en que vivimos. Advertido del éxito de la canción, el ex presidente de la Generalidad ha llamado al grupo y les ha invitado a comer el próximo 23 de septiembre. Me barrunto la homilía. Si se hace abstracción de estas consideraciones las dos canciones son para troncharse.

Antonio Robles es profesor y ex diputado autonómico


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