La ciudadanía se puede definir como "El derecho y la disposición de participar en una comunidad, a través de la acción autorregulada, inclusiva, pacífica y responsable, con el objetivo de optimizar el bienestar público."

miércoles, 13 de enero de 2010

La moto nacionalista

Por Leah Bonnín


¿Hasta qué punto se ha impregnado el imaginario social de los catalanes del discurso oficial de este nacionalismo que ya lleva décadas en el poder, transmitiendo y retransmitiendo a su antojo mitos sociales y leyendas patrias, deudas históricas, ideología y sentimientos, memoria y falsedad? ¿Hasta qué punto saben de lo que están hablando los nacionalistas o los por el nacionalismo abducidos?
El libro de Francisco Caja La raza catalana. El núcleo doctrinal del catalanismo pone sobre la mesa datos suficientes para que nadie se llame a engaño. A la vista de los textos fundacionales del nacionalismo catalán, no cabe pensar, como anota en el prólogo Jon Juaristi, que nos encontramos, frente al vasco, con un nacionalismo libre de las "excrecencias racialistas y abierto a la integración de los foráneos: un nacionalismo, en suma, cívico y no étnico". Los textos dicen lo que dicen, sin paliativos ni paños calientes, a pesar de la ocultación de sentido o la interpretación "inversamente proporcional a su verdadera naturaleza" que han hecho y continúan haciendo los nacionalistas. Y es necesario "leer e interpretar esos textos para una mejor inteligencia del nacionalismo y, sobre todo, para que esa interpretación produzca efectos".

Y lo que dicen es como para echarse a temblar... y a correr, porque, en tanto que textos doctrinales, transmiten las imágenes y la ideología como realidad natural, sin refutación posible. Y porque si se deconstruye, como lo hace Francisco Caja, la metáfora en la que se sostienen, se revela que el origen y núcleo de la doctrina catalanista no es otro que la doctrina de la raza.

La raza catalana. El núcleo doctrinal del catalanismo, primera parte de un proyecto que acabará con el volumen dedicado al análisis de textos más contemporáneos y cuyo índice se añade al final, propone una lectura doble: del análisis y la interpretación que lleva a cabo Francisco Caja y del contenido de las citas, desde el texto fundacional del nacionalismo, Lo Catalanisme (1902), de Valentí Almirall, hasta el panfleto Catecisme del jove Patriota que Daniel Cardona publicó en el primer número de la revista L'Estat Català, dirigida por Francesc Macià.

Por más que Valentí Almirall (1841-1904) acabara asociado al lerruxismo (actitud justificada por los nacionalistas como fruto de una decadente e imprecisa "amargura") y distanciado del nacionalismo triunfante de Prat de la Riba y los suyos, sus escritos primigenios son inequívocamente racialistas. Se separa del federalismo de Pi i Margall para promover la idea de una catalanidad basada en la naturaleza que reclama la identidad entre lengua y raza como fundamento de la soberanía política. Marca una diferencia histórico-biológica entre el grupo central-meridional (castellano) y el pirenaico (aragonés). Por último, dado que "España se ha ido empequeñeciendo desde que las circunstancias hicieron que la raza menos pensadora y menos ilustrada fuera la que dominara", reclamará un catalanismo diferenciador y soberanista.

Según Francisco Caja, será Pompeu Gener (1848-1920) el introductor de las doctrinas raciales entre los federalistas y racionalistas. Tras beber de las fuentes de la Société d'Anthropologie de París y de Gobineau, utiliza la diferenciación entre raza en sentido antropológico y raza en sentido histórico y fisiológico para hablar de España como invasor presemítico y semítico que, al triunfar sobre los arios (catalanes), paralizó la "España Lemosina, Aria de origen" y la obligó a vivir de cosas pasadas.

No deja de asombrar la persistencia de una doctrina que se desplaza también al exilio con Pere Bosch-Gimpera (1891-1974), quien, en los Quaderns de l’exili,hablará de la guerra civil como una guerra entre razas, entre los iberos (catalanes) y los celtas (españoles). Y, siguiendo a su maestro berlinés Kossinna, "racialista convicto y confeso", fundará el catalanismo como resurgimiento de una historia concebida como desviación que será preciso corregir "para retornar a aquel punto en el que se supone habría llegado si... no hubiera existido historia".

Seguidor de Gustave Le Bon, el doctor Bertomeu Robert (1842-1902) asume las ventajas de la "espiritualización" del concepto de raza. Concibe la Nación como un ente orgánico; el individuo, apenas una célula social, queda bio-sociológicamente subordinado a la totalidad. Frente a la igualdad jacobina y el sufragio universal, frente a la igualdad de derechos ante la ley, la jerarquización de los órganos (naciones) y la separación.

No faltan justificaciones demográficas, debidas a la pluma de Hermenegild Puig y Sais (1860-1941), que se queja de la amenaza que supone la invasión de tanta gente forastera, que propone combatir con el aumento del número de catalanes "de pura raza". Tampoco las que utilizan la metáfora del "derecho a la vida" de las naciones para ayudar a los desarraigados a naturalizarse según la ideología catalanista propuesta por Domènec Martí i Julià (1861-1917).

La metáfora organicista estalla, señala Francisco Caja, con la novela de formación La nacionalitat catalana, en la que Enric Prat de la Riba (1870-1917) legitima la narración, histórica e ideológica, como si se tratara de un fenómeno natural, regido por una ley inmutable y eterna. Ante semejante monumento a la espiritualidad catalanista, sería de muy mal gusto recordar que su panfleto La question catalane (1898) fue publicado gracias al soporte directo de Louis Guérin, responsable de finanzas e informaciones confidenciales de la Ligue Antisémite y hermano de Jules Guérin, presidente de este movimiento.

La siguiente vuelta de tuerca de la metáfora pasa por la defensa del catalán como lengua propia, mítica y geográfica ("Hasta las piedras hablan en catalán"), que no tiene más remedio que proponer la inmersión lingüística de los no catalanohablantes. Y triunfa en el plano político con la reconciliación entre espíritu y sangre, raza y alma, tierra y lengua, redención y voluntad, federalismo y nacionalismo, que realiza Antoni Rovira y Virgili (1882-1949).

Merece la pena leer el libro, aunque sólo sea para saber de qué nos hablan cuando nos venden la moto nacionalista.


FRANCISCO CAJA: LA RAZA CATALANA. EL NÚCLEO DOCTRINAL DEL CATALANISMO. Encuentro(Madrid), 2009, 366 páginas. Prólogo de JON JUARISTI.

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