La ciudadanía se puede definir como "El derecho y la disposición de participar en una comunidad, a través de la acción autorregulada, inclusiva, pacífica y responsable, con el objetivo de optimizar el bienestar público."

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Ciudadanos y borregos

Ser gregario, en su acepción más negativa, es seguir servilmente las ideas o iniciativas ajenas. Ser ciudadano es formar parte de una ciudad en la que rigen unas normas, democráticamente dadas por todos para todos.
Parece de sentido común, ¿verdad? Pues, efectivamente, es el menos común de los sentidos.

Basta con repasar los medios de comunicación, o, más cercano, echar un vistazo alrededor nuestro. Desde esos periodistas a los que se les ve el plumero desde siempre (el ‘sobre’ es el ‘sobre’), a los miembros del Partido X, siempre balanceando la cabeza con un ‘amén’ imparable, pasando por una gran parte de la gente, vemos que pasamos de ser ciudadanos y tener criterio y decisiones propias al más espectacular borreguismo.

Dos periodistas sin pelos en la lengua, como Toni Soler y Pilar Rahola, han puesto en solfa irónica sucesos recientes (’Arenya de Bruc’ o ‘Sordos, ciegos y mudos’) en un diario barcelonés. A mí me ocurrió en unas elecciones municipales ser abordado por una señora que me preguntó:
– ¿Dónde se vota a Felipe (González, claro)?

No sé si de forma intencionada, o por puro devenir social, se está llevando a la gente a una especie de redil en el que cuanto menos se piense, mejor. Parece como si se deseara que Papá Estado se encargue de pensar, de decidir por cuenta de todos, que es mucho más fácil y sencillo para el gobernante.

Al ciudadano corriente, harto de pelear cada día con la economía menguante, le bastan muy pocos impulsos para apuntarse a esa corriente del ‘dolce far niente’. Que de ella al ni ver, ni oír, ni hablar, queda muy poco. Y nos convertiríamos en los borreguitos en que Papá Estado estaría encantado de encuadrarnos por la felicidad de todos.

Ser ciudadano no es desentenderse de la corriente por la que navegamos, sino remar como nos conviene, sin ir contra otros, dentro de las normas que nos hemos dado, para que este país no sea ni un ‘Far West’ ni un mal remedo de los años 30 del siglo pasado.

De gregarios a borregos sólo hay un pasito.

Ángel Camacho

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