La ciudadanía se puede definir como "El derecho y la disposición de participar en una comunidad, a través de la acción autorregulada, inclusiva, pacífica y responsable, con el objetivo de optimizar el bienestar público."

martes, 31 de agosto de 2010

Hemos creado un monstruo

Reggio’s

ahora mismo

La infausta y frívola campaña veraniega de anuncio y tanteo para proceder a la subida de impuestos nos hace reflexionar sobre muchos temas esenciales, amén de indignarnos. La primera reacción es exigir que ni se permita plantearla sin haber diseñado previamente una reducción estructural del gasto público a todos los niveles. Insistimos en lo estructural, pues nada tiene que ver con el torpísimo “recortazo” confusamente anunciado (hoy sí, mañana no, pasado sí pero menos, y los ojos en Blanco…). Advirtamos que reducir estructuralmente el sobregasto lleva a revisar estructuras. Sobre una fundamental queremos compartir reflexión.

Es evidencia admitida, en cada vez más cenáculos informados, que lo pergeñado como Estado de las Autonomías es ruinoso e impagable. Impagable sin ironías, en el sentido genuino y monetario. Económicamente, hemos creado un monstruo. Dejemos hoy los efectos socio-políticos, tal vez menos objetivables, aunque vinculados e importantísimos. Hablemos de euros y rompamos tabúes.

Comencemos revisando dos ideas adquiridas. La primera es que el actual estado de la Nación española es el apéndice natural inevitable de la Constitución. No es cierto, es sólo uno de los posibles. Evidencia crucial, pues significa que la situación es retomable, sobre todo si no hay presupuesto que lo aguante. La segunda es que España ha prosperado mucho durante el establecimiento de las autonomías. Sí, pero no. La progresiva instauración de la actual situación territorial ha tenido, simplificando, dos fases. La primera consistió en una descentralización de gestión de competencias razonables con una fuerte impronta cohesionadora del Gobierno central. Esa descentralización fue muy buena para España, ya que aumentó eficacia y acercamiento de la gestión. Pero la dinámica se desmadró, con errores colosales (¿transferir educación y sanidad? ¡Ni los suizos se han atrevido!) y el nacimiento de 17 taifas desiguales y del famoso “Estado Residual” inerme, chantajeado, sin poder ejecutivo ni cohesionador. La auténtica pregunta es: ¿Cuánto más y mejor hubiese crecido España en los últimos tres lustros sin el lastre de este particular sistema autonómico? Esta es la verdad por estudiar.

Para ello se impone enunciar, conceptualmente, qué disfunciones, cuando no disparates, ha introducido el actual Estado de las Autonomías, impidiendo una mayor prosperidad de los ciudadanos. Son de cuatro índoles. La primera aproximación es contable. Sorprende que el propio Gobierno de la Nación, en cumplimiento de su deber, no haya valorado la sobrecarga económica que supone la anárquica, redundante y elefantiásica explosión de organismos públicos a todos los niveles. Hay que acudir a estudios privados, como el de la Fundación UPyD, que detectan los grandes ahorros que se producirían, incluso sin reformar el sistema, con sólo generalizar el sistema regional más eficiente a los demás. Ahorros indispensables.

La segunda es más grave e irresponsable, y también empieza a ser estudiada por instituciones empresariales (pero no lo quiso hacer el Consejo Económico y Social): la ruptura del mercado único. Cualquier empresario sabe cómo se le han multiplicado los costes de transacción. El establecimiento de barreras interiores a la libre circulación (no siendo la menor la lingüística), la multiplicación de legislaciones diferentes y de trámites distintos a pocos kilómetros de distancia, la “patrimonialización” de las Cajas regionales… tantos ejemplos de un empobrecimiento anti-natura que nos terminará arruinando.

La tercera puede pasar desapercibida, pero es clave: la imposibilidad de hecho para el Gobierno de la Nación de implementar políticas con la suficiente masa crítica y con el aprovechamiento máximo de las economías de escala en una Nación modesta a escala mundial. La imposibilidad de invertir sensatamente en capital humano (educación), en infraestructuras (trasvase Tajo Segura, almacén geológico profundo de residuos, programación global de la Sanidad…), en ordenación del territorio (costas) y mucho más, hace que la dinámica económica española sea radicalmente ineficiente e insolidaria, es decir mucho más costosa. Y, por último, aunque poco citada, la absoluta pérdida de proyecto común, de esfuerzo colectivo nacional, de visión de servicio a toda la Nación por parte de las autoridades regionales, cada vez más semejantes a cacicatos localistas, inoculando esa tribal cultura, poco a poco, a la ciudadanía. Aún difícil de calcular, esa actitud de emplear energías “contra” el de al lado o “contra” la fortaleza de la nación, se nos antoja como la más dañina para la economía. La importancia de los “animal spirits”….

En la encrucijada dramática que vive España, aunque sólo fuere la económica, creemos indispensable priorizar el análisis de esos temas, y la concienciación social, para reformar, regenerar y reestructurar el potencial de prosperidad futura de los españoles todos. De lo contrario, la agonía será dolorosa, y seguiremos perdiendo la confianza, interna y externa, que necesitamos para salvarnos. Pero, entre un Presidente que va repartiendo naciones de generación espontánea y un opositor mayor que promete a sus caciques no recuperar ninguna competencia ¿Quién combate al monstruo? ¿Quién se ocupa del bien común de los españoles?

Enrique Calvet. Economista.

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