La ciudadanía se puede definir como "El derecho y la disposición de participar en una comunidad, a través de la acción autorregulada, inclusiva, pacífica y responsable, con el objetivo de optimizar el bienestar público."

miércoles, 2 de junio de 2010

La protección de los menores en Cataluña


Diarios de Arcadi Espada

La protección de los menores es un asunto interesante. Uno de los saltos que distinguen el mundo viejo del nuevo. La protección tiene aspectos exagerados y hasta grotescos; como esa práctica que vincula el derecho infantil a la imagen con el pixelado automático, obsesivo, de todo chavalín que aparece en los periódicos, aunque sea comiéndose un polo e ilustrando un plúmbeo informe sobre los hábitos de consumo. A veces la protección infantil es, simplemente, protección pueril, y una variante más de la corrección política. Destaca en la puerilidad la izquierda ahormada. De ahí, y también por la horma, que me llene de estupor un aspecto muy poco conocido de la alegre cata que un animoso grupo de nacionalistas está haciendo sobre el corazón independentista de los catalanes.

La cata ha ido derivando hacia el fracaso (la crisis le ha puesto al pueblo soberano un mal vino considerable) y a medida que esta percepción se ha impuesto han aumentado los trucos de los organizadores. Uno, por ejemplo, puede echar varios tragos en mesas distintas; y ni siquiera, como le dijeron a un niño el otro día en Mataró, es preciso haber cumplido los 16 años: basta que prometas cumplirlos este año y votarás. Y lo más escandaloso afecta, sin duda, a los menores, que yo creía que tenían prohibido el alcohol. Sin cortarse un píxel, contando con la complicidad de algunos funcionarios del departamento de Educación, de ciertos directores de Instituto y de algunos profesores (generalmente de catalán: se disculpa la deformación profesional y herderiana), organizan en los institutos, a veces dentro, en aulas, gimnasios o parquings, a veces en sus aledaños, la llamada “recogida anticipada del voto”: se comprende, los domingos, día de la votación, no son lectivos y hay que ir a donde va la gente como dice Blanco Vicente. La recogida empieza con unos nois que entran, dan una xerrada, a veces con psicolabis, y el niño que quiere vota, que aún no obligan a nadie. Compres o no, y como en aquellas legendarias encerronas de las editoriales enciclopédicas, el niño siempre tiene el premio de que lo haya mirado un patriota. La pasividad, cuando no la complicidad, de las autoridades académicas en este asunto es lacerante. Es decir, tiernísimos infantes catalanes sometidos a la golosina de la patria, cuando aún no tienen ni el discernimiento ni la serenidad hormonal para oponerse al juego malabar de los charlistas. Aumentan los peligros del niño que despunta. Las drogas, la pederastia y ahora la patria.
Este sucio éxtasis, esta droga legal.

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